martes, 8 de mayo de 2012

Un error pensar que Quadri ganó el debate *


Se equivocan en sus argumentos quienes creen que Gabriel Quadri ganó el debate presidencial de ayer. El hecho de que el candidato de Nueva Alianza (PANAL), presumiblemente, presentó las mejores propuestas, superiores a la de los otros tres candidatos, no tiene sustento teórico ni empírico.
La tarea de Quadri en esta elección es una sola: conservar el registro para el PANAL como partido nacional, para lo cual requiere dos por ciento de los votos en la elección presidencial, de diputados o senadores. Para un partido pequeño como el PANAL, alcanzar dos por ciento de la votación requiere vender muy bien la propuesta, insertándola en un nicho del electorado muy bien seleccionado. Así lo hizo en 2006, con Roberto Campa y su campaña ‘uno de tres’. La estrategia actual es dirigirse a aquellos votantes que se consideran independientes y desilusionados de los políticos. Así se presentó Quadri ayer.
Sin embargo, las propuestas de Quadri adolecen de eso que tanto nos critican a los economistas. Las propuestas no distinguen lo que es, lo que debería de ser y lo que es técnicamente factible. Los planteamientos de Quadri son parcialmente correctos, siempre que partan de una premisa verdadera. Pero sus premisas, que no son el centro del debate, es lo que cuestiono. En cambio, son sus planteamientos de política los que resultan atractivos para el electorado que quiere escuchar propuestas novedosas, pues es claro que las fórmulas de siempre no han dado resultado. Sin embargo, es un error es pensar que porque las propuestas de Quadri son novedosas, entonces son correctas.
Dos propuestas son suficientes para mostrar cómo Quadri usa lo que nos gustaría a todos que pasara en un mundo ideal para conseguir el registro del partido que representa: su posición sobre los subsidios y su postura respecto a las actividades propias del estado en manos de particulares.
Quadri cree en el mercado, pero olvida que el mercado está lejos de ser perfecto. Él lo reconoce: hay monopolios, mercados incompletos e ineficiencias debidas a la corrupción. Entonces, ¿cómo puede sostenerse una economía con fallas sin la importante tarea del Estado? Pensar que los subsidios son, en todos los casos, perversos es no reconocer la importancia redistributiva de los mismos en una economía con grandes fallas como la mexicana. Tiene razón en que muchos de ellos son altamente regresivos, pero se equivoca en ignorar las consecuencias, por ejemplo, de la liberación de los precios de la gasolina. ¿Quisiéramos una economía eficiente? Evidentemente sí. ¿Es posible caminar a una economía eficiente, sin subsidios, con las condiciones del mercado de hoy? No. Hoy, los subsidios son pertinentes no por su popularidad o ‘rendimiento electoral’, sino porque distribuyen recursos a aquéllos que no pueden acceder a ciertos bienes por medio del mercado. Uno de los ejemplos más claros de esto es la educación.
Quadri es un liberal, y ese no es ningún problema. Sin embargo, cree que casi todo lo que hace el estado es necesariamente ineficiente. Considera que sólo el sector privado puede producir de manera óptima ciertos bienes tradicionalmente en manos del Estado. Casos concretos: la energía y la seguridad. En primera instancia, Quadri vende la idea, muy atractiva para muchos, de que PEMEX sería más eficiente si se privatizara. Este argumento supone que, con el simple traspaso de la propiedad estatal a manos particulares se resuelven los problemas de PEMEX. El argumento olvida que PEMEX no es estrictamente ineficiente, sino que debido al marco legal con el que hoy opera no cuenta con los recursos suficientes para mejorar sus condiciones para la producción. El argumento olvida también la carga fiscal de la empresa bajo el régimen actual.
La historia sobre las cárceles se sostiene aún menos. ¿Renunciar a una actividad propia del Estado porque los funcionarios actuales no hacen bien su trabajo o están corrompidos? La respuesta es no. De hecho, la experiencia de las cárceles privadas en países como Estados Unidos, Inglaterra o Canadá no respalda la propuesta de Quadri, de hecho, la refuta. Un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales muestra evidencia de que, por ejemplo, los costos de la administración de las prisiones públicas es prácticamente el mismo que el de las privatizadas y, además, que la tasa de reincidencia de aquellos presos que cumplieron condenas en prisiones públicas es igual a la de aquellos que las cumplieron en prisiones privadas. El Estado no debe renunciar a una tarea fundamental en materia de seguridad, sino fortalecer su papel, vigilando la verdadera reinserción de los presos a la sociedad y analizando la pertinencia del encarcelamiento para ciertos delitos.
Quadri aprovecha su inteligencia y formación académica para proponer políticas novedosas pero no necesariamente adecuadas para el contexto mexicano. Esto resulta en un claro contraste entre las propuestas de los otros tres candidatos, que asumen que es imposible transitar a una economía como la que propone Quadri, bajo los arreglos políticos, institucionales y económicos actuales. Que se perciba que Quadri ganó el debate es una ilusión que opaca el debate sobre lo que es realmente posible. Es una ilusión para quienes legítimamente exigen propuestas diferentes pues las políticas que propone Quadri no resuelven los grandes problemas del país.
Como se dijo en uno de esos programas del post debate, Quadri sacó ventaja de su poca importancia. Si lo vemos de esta manera, Quadri pudo haber firmado ayer la sobrevivencia del PANAL por seis años más. Y el ganador del debate no se llama entonces Gabriel, sino Elba Esther.
PD:
Finalmente, la discusión de quién gana o pierde el debate me parece estéril. Lo realmente relevante es el rumbo que tomarán las campañas a partir de éste. Por otro lado, existe cierta desilusión entre algunas personas que esperaban escuchar más propuestas y menos ataques. No comparto su posición.
¿Por qué no hubo respuestas a las preguntas temáticas en el debate? En gran parte, por culpa de los partidos y del IFE. Ante la imposibilidad de cuestionar de forma ‘negativa’ a los otros candidatos, pues la ley electoral que norma la campaña no lo permite, los candidatos aprovecharon uno de los espacios en los que tendrían mayor audiencia para mostrar un intercambio que no pueden hacer en otro momento sin riesgo a violar dicha ley. Hicieron lo que tenían que hacer.
* Columna publicada como columna invitada en la revista Paradigmas.

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