miércoles, 7 de mayo de 2014

Sobre la elección del Director de la DICEA (vol. 2)


Hace casi ya cinco meses escribí un post en el que expresé, desde mi posición de egresado, mi deseo por un cambio en la forma en que se conduce la División de Ciencias Económico Administrativas de la UACh. Los resultados de la elección para Director de aquél entonces y el conflicto subsecuente me hacen pensar que no debo cambiar ni una coma a lo ya escrito.

Sin embargo, sigo sintiendo la responsabilidad de hacer un par de observaciones respecto a la nueva elección que ocurrirá mañana.

Primero, y la más importante, tiene que ver con el proyecto de la DICEA que considero debería ser y no lo es. Seguiré señalando que me preocupa el desdén por la formalidad y la técnica que deliberadamente o no ocurre en la DICEA, salvo muy honrosas excepciones (#ustedessabenquiénesson). El problema no es un asunto de lo que creemos que sirve o no. El problema es el mundo que nos negamos y descubren los egresados al enfrentarse a una realidad muy distinta a la de las convenciones y viajes todo pagado, los rollos y lo que creemos que Marx pensaría sobre los problemas de hoy (!).

Los estudiantes de Chapingo son estudiantes de tiempo completo, son brillantes, se han sobrepuesto a sinfín de adversidades y trabajan mucho. La materia prima está ahí y se está desperdiciando. El talento está no acabando en los líderes de los sectores económicos y sociales que debería de ser (y que los presupuestos por alumno implicarían). Los egresados debemos aspirar a más. Para ello se necesita más formalidad, más técnica y más rigor.

Durante el tiempo que dura la carrera nos rehusamos a empujar las fronteras de lo que se ha hecho por años. Los puestos por los que competimos, exigen más. Las posiciones para economistas, administradores y especialistas en comercio existen y no las estamos ocupando.

Honestamente, no veo viable un proyecto que le dé un giro a lo que se ha hecho hasta hoy - y en el que sin duda muchos han puesto esfuerzo - pero que no se ha materializado en sus egresados, más que el de Armando Ramírez. A Armando lo conocí cuando por primera vez se paró frente a un grupo a dar clases. Sí, eso no fue hace mucho tiempo, pero si hay algo que caracteriza a Armando son sus ganas de aprender y empujar las fronteras. Armando no ganaría en una competencia del currículo más largo (todavía), pero lo compensa con las ganas y la visión que tenemos muchos egresados de ver una DICEA con más ciencia que grilla.

La segunda motivación para escribir este texto es un reconocimiento a quienes se han adherido al plan de Armando. Ciertamente no todos ellos son amigos y no todos ellos comparten posiciones académicas y políticas. Sin embargo, ya desde la fallida elección de noviembre, mostraron que podían ceder en sus pretensiones, negociar y apoyar un esfuerzo común. Muy particularmente expreso mi admiración a Oscar Galindo, quien mostró no sólo mucha categoría y profesionalismo en la irregular elección, sino que supo dar un paso al costado en pos de un objetivo superior. Ojalá que estás muestras de capacidad para tomar acuerdos se materialicen en un esfuerzo conjunto por mejorar las condiciones de la DICEA.

Como en todo en la vida, es difícil obtener resultados haciendo lo mismo. Por eso y por las razones anteriores confío en que Armando Ramírez sea electo Director y pueda darle un giro a la conducción de las riendas de la DICEA.

Un cambio se requiere primero para reconocer que se ha fallado, y luego para asumir la responsabilidad de proponer una División con más rigor, que explote el potencial de los estudiantes, que sea un referente en la enseñanza de la economía política y el marxismo (que nos urge interpretar correctamente), pero que no ignore que vivimos en medio de una competencia tremenda, donde otros están tomando las decisiones en un rol que deberíamos haber asumido nosotros.

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