miércoles, 20 de octubre de 2010

Más impuestos a los cigarros: ¿bueno?

Anoche se aprobó la Ley de Ingresos de la Federación que incluye un impuesto de siete pesos a cada cajetilla de cigarros. Aunque la industria tabacalera dice que la medida implica altos costos en términos de empleo, yo creo que esos costos deben ser asumidos en favor de los beneficios que la medida implica. Si el impuesto se acompaña de medidas para orientar lo recaudado en el combate al tabaquismo, la medida es bienvenida.

Si bien un estado liberal debe dejar que las personas asuman la responsabilidad de sus propias decisiones, también debe vigilar que estas acciones no tengan efectos negativos en las otras personas. Y esa debería ser la esencia del impuesto. No se grava el tabaco porque creemos que fumar está mal. Se debe gravar el tabaco porque su consumo tiene efectos negativos en los no fumadores.

El efecto directo es la contaminación del aire y el conocido daño al "fumador pasivo". Sin embargo, el otro efecto igual de importante es el alto costo social del tratamiento de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Según datos del Instituto Nacional de Saludo Pública en 2008 los costos de atención pública atribuibles al consumo de tabaco ascendieron a 45 mil millones de pesos. El fumador está afectando al resto de la población al apretar la restricción presupuestal del gobierno, que en ausencia del gasto en salud derivado del tabaquismo, podría usar esos recursos de manera más productiva. Esta es la razón por la que el impuesto se justifica y el problema se ve más como el de un mercado de derechos, en el que el fumador está pagando en cada cajetilla el costo de la atención médica que podrá necesitar en el futuro.

Finalmente, el impuesto debe tener un efecto en la demanda. Si bien es cierto que la demanda por tabaco es muy inelástica (es decir, ante un aumento en el precio, la demanda no cae mucho), algunos estudios sugieren que la demanda en México es más elástica que en otros países y en general la elasticidad se estima en el orden de 0.4. Al respecto pueden ver esta estudio en el que la elasticidad se estima hasta en 0.6 para personas mayores de 26 años:

Fuente: Determinantes de la demanda de tabaco en México


Queda pendiente la reorientación del gasto, porque si la medida es implementada sólo para acompletar el presupuesto más que como una medida de salud pública, el problema financiero no se resuelve. Este pendiente debe abordarse con mecanismos que canalicen lo recaudado con los impuestos a estos "males" hacia las instituciones que en el futuro atienden sus consecuencias. Y por el mismo camino podría ir el alcohol y, si llega a ser legal, la marihuana.

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